Cuanto estamos dispuesto a entregar
- Nelson Castro Alarcón
- 15 ago 2023
- 4 Min. de lectura

“Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” Hechos 7:55-60
Cuando reflexionamos en la historia de Esteban un hombre sencillo, apartado por los apóstoles y seguidores de Cristo, como una persona digna de serviles en la obra del Señor, pero no de una forma tan elevada como nosotros imaginaríamos, sino, simplemente para atender las necesidades físicas de aquellos que estaban respondiendo ante el llamado de la cruz. Mientras por otro lado los apóstoles continuaban su ministerio para el cual habían sido llamado en oración y en la predicando la palabra.
Es por esto que cuando lo eligieron para esta noble misión, la de servir a sus hermanos, junto a seis hombres de iguales características, la escritura declara que Esteban no era solamente un simple hombre, sino que había algo en el que marcaba una diferencia notoria para esta noble labor, él era un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo: “… Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo...” Hechos 6:1-6 Ahora la pregunta que podemos realizarnos es la siguiente: ¿Como un hombre tan sencillo puede llegar, a un momento tan determinante en la historia de la cristiandad? Si continuamos la historia, la biblia nos muestra en el libro de los Hechos de los apóstoles, como, este humilde varón es capaz de actuar lleno de gracia y de poder, realizando grandes prodigios y señales entre el pueblo: “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.” Hechos 6:8. ¿Como es? que siendo un hombre que fue elegido para un cargo tan irrelevante o siempre (a nuestra manera humana de pensar), pudo marcar tal diferencia en los primeros cristianos. Pero si somos capaces de profundizar mas en su historia, podemos ver, una determinación impresionante de servir al Señor con todo el corazón e inclusive con su vida, algo digno de imitar. Por esto al reflexionar en esta historia, esta misma no nos permite dejar de asemejarla a nuestra realidad y ver la necesidad de la Iglesia actual. Como en este momento se necesitan hombres y mujeres similares a Esteban en actitud, capaces de servir a Dios con un corazón sincero, dispuestos a entregarse por aquel que nos ha llamado, no con cualquier llamamiento, sino, con un llamamiento Santo delante de su presencia. Por esto mismo, al analizar el mundo actual en el que vivimos, lo mas probable es que la realidad sea muy diferente a la planteada en los Hechos de los apóstoles. Pero creo que aun así todavía Dios sigue buscando hombres y mujeres humildes, capaces de servir a Dios aun en lo más mínimo, pero marcando una gran diferencia, en el momento de actuar guiados por la Gracia y el Poder del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que obro en Esteban, es el que esta obrando en nosotros. Ante esto la pregunta que debe nacernos es la siguiente: ¿Que estamos dispuestos a entregar por nuestro Padre?, o más especifico ¿Qué estas dispuesto a entregar o hacer tú por aquel que te amo primero? La respuesta puede sonar sencilla, pero es un poco mas profunda de lo que nosotros imaginamos. Al analizar la vida de Esteban, la que la biblia solo resume en dos capítulos, podemos notar la respuesta de forma inmediata. Solo en un hombre como Esteban, Dios pudo obrar tan grandiosa señal, de ser tan semejante a Jesús incluso en su muerte, teniendo la dicha de en los últimos minutos de vida ver a Jesús a la diestra de su Padre. Por lo mismo, es impresionante que siendo simplemente el que servía las mesas a sus hermanos, cuidaba de las viudas y de mases, fuera capaz de ver a Jesús en su muerte y ser reunido junto a ellos en su gloria. ¿Seriamos capaces de dar algo tan preciado para Dios?, esa es la gran interrogante de nuestra vida. Esteban dio su vida, al igual que Pedro, que Pablo, que Santiago, que Juan Hus en Bohemia, que Ulrico Zuinglio en Suiza, que Luis de Berquin en Francia, que Harrezuelo en España, que Tyndale en Inglaterra. Otros sufrieron toda su vida persecuciones y prisiones: como Juan el Apóstol, como Wiclef en Inglaterra, como Martin Lutero en Alemania, como Juan Calvino en Francia, como Juan Knox en Escocia, como Whitefield y los Hermanos Wesley en Inglaterra, que no temieron al hombre, sino que avanzaron con una fe inquebrantable. Y tantos otros que lucharon incansablemente por su fe en Jesús… Y aun en nuestros tiempos siguen habiendo hombres y mujeres, que en alguna parte del planeta siguen dando sus vidas por amor a Jesús y entregándose por amor a la verdad, siguiendo esa misma FE INQUEBRANTABLE, QUE SE ENCUENTRA EN LA PALABRA DE DIOS. Si tan solo fuéramos capaces de hacer lo mismo, las cosas cambiarían.
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