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La fragilidad de la vida: un llamado a buscar lo divino


La fragilidad de la vida: un llamado a buscar lo divino

“No dejes que la emoción de la juventud te lleve a olvidarte de tu Creador. Hónralo mientras seas joven, antes de que te pongas viejo y digas: «La vida ya no es agradable». Acuérdate de él antes de que la luz del sol, de la luna y de las estrellas se vuelva tenue a tus ojos viejos, y las nubes negras oscurezcan para siempre tu cielo. Acuérdate de él antes de que tus piernas guardianas de tu casa empiecen a temblar, y tus hombros los guerreros fuertes se encorven. Acuérdate de él antes de que tus dientes esos pocos sirvientes que te quedan dejen de moler, y tus pupilas las que miran por las ventanas ya no vean con claridad. Acuérdate de él antes de que la puerta de las oportunidades de la vida se cierre y disminuya el sonido de la actividad diaria. Ahora te levantas con el primer canto de los pájaros, pero un día todos esos trinos apenas serán perceptibles. Acuérdate de él antes de que tengas miedo de caerte y te preocupes de los peligros de la calle; antes de que el cabello se te ponga blanco como un almendro en flor y arrastres los pies sin energía como un saltamontes moribundo, y la alcaparra ya no estimule el deseo sexual. Acuérdate de él antes de que te falte poco para llegar a la tumba tu hogar eterno donde los que lamentan tu muerte llorarán en tu entierro. Sí, acuérdate de tu Creador ahora que eres joven, antes de que se rompa el cordón de plata de la vida y se quiebre la vasija de oro. No esperes hasta que la jarra de agua se haga pedazos contra la fuente y la polea se rompa en el pozo. Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio.” Eclesiastés 12:1-8


En el apacible transcurso de los días, a menudo pasamos por alto la esencia fugaz de nuestra propia existencia. En el libro del Eclesiastés, capítulo 12, versículos 1 al 8, el sabio predicador nos invita a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y la importancia de buscar lo divino en nuestra juventud. Este pasaje nos recuerda que, aunque la vida pueda parecer eterna en la juventud, llegará un día en el que enfrentaremos la inevitable realidad de la vejez y la muerte.


El Qohelet (predicador) describe de manera poética los cambios físicos y emocionales que acompañan al envejecimiento, comparándolos con el deterioro de una casa que se desmorona. Las palabras cuidadosamente elegidas nos llevan a visualizar la fragilidad del cuerpo humano y la manera en que nuestras fuerzas disminuyen con el paso del tiempo. La imagen de "tus piernas guardianas de tu casa empiecen a temblar" y " tus pupilas las que miran por las ventanas ya no vean con claridad" nos insta a reflexionar sobre la inevitable transformación que todos experimentaremos en nuestro viaje vital.


Este pasaje nos recuerda que nuestra juventud es un tiempo de oportunidad y potencial. Es en esta etapa que tenemos la energía, la pasión y la apertura para buscar y explorar lo divino. El predicador nos invita a recordar a nuestro Creador en los días de nuestra juventud, antes de que lleguen los años en que "la vida ya no es agradable". Este llamado a la búsqueda de lo divino en la juventud es un recordatorio de que, aunque el tiempo avance implacablemente, tenemos la capacidad de establecer una conexión profunda con lo espiritual desde una edad temprana.


El Qohelet nos enseña que, a medida que envejecemos, nuestros cuerpos pueden debilitarse, y nuestras prioridades pueden cambiar. Por lo tanto, es esencial aprovechar el vigor y la pasión de la juventud para cultivar una relación sólida con lo divino. En lugar de esperar a que las sombras de la vejez se cierren sobre nosotros, podemos buscar la sabiduría espiritual, la comprensión y la conexión con lo trascendental mientras aún estamos en nuestras plenitudes.


En última instancia, el pasaje de Eclesiastés 12:1-8 nos recuerda que la vida es un regalo efímero y precioso. Nos alienta a abrazar la juventud como una oportunidad única para explorar lo divino y establecer un fundamento espiritual sólido. Así como el sabio predicador nos anima a "acordarnos de nuestro Creador en los días de nuestra juventud", también podemos recordar que la búsqueda de lo divino en nuestra juventud puede infundir significado y propósito en cada etapa de nuestra vida, guiándonos a través de la fragilidad hacia la plenitud espiritual.


Quiero terminar con la siguiente historia; Había una vez un hombre llamado Luis, cuyos días ya habían recorrido la mayor parte del camino. En su juventud, Luis era un espíritu inquieto y curioso, pero también era el tiempo de la irresponsabilidad y la distracción. Siempre había sentido una conexión con lo divino, pero la vida en aquel entonces parecía interponerse en su camino.


Con el pasar de los años, Luis se sumió en las rutinas cotidianas, las obligaciones y las preocupaciones. Las ambiciones lo atraparon y las responsabilidades lo mantuvieron ocupado. Cada vez que sentía la necesidad de buscar a Dios, aplazaba esa búsqueda para un mañana que nunca llegaba.


Llegaron las arrugas, los cabellos grises y las líneas de tiempo marcadas en su rostro. Luis se encontraba ahora en sus últimos días, reflexionando sobre su vida. A medida que su cuerpo se debilitaba, su deseo de conectar con lo divino se hacía más fuerte. Pero, paradójicamente, también se enfrentaba a la cruda realidad de que sus fuerzas ya no eran las mismas.


Mientras yacía en su lecho, mirando por la ventana los rayos del sol que filtraban a través de las hojas de un árbol, Luis anhelaba la juventud con su vitalidad, su energía y su capacidad de explorar el mundo con ojos llenos de asombro. Anhelaba aquellos días en los que la vida era un lienzo en blanco, esperando ser llenado con experiencias y descubrimientos.


Sin embargo, se dio cuenta de que no podía retroceder el tiempo. Ya no tenía la agilidad de su juventud, ni la misma disposición para aventurarse en la búsqueda espiritual que siempre había deseado. Sus fuerzas se desvanecían, y el tiempo parecía acelerarse mientras miraba atrás, lamentando las oportunidades perdidas.


Luis compartió sus pensamientos con su familia y amigos cercanos. Les habló de su anhelo de haber buscado a Dios con la pasión de su juventud. Sus palabras resonaron en sus seres queridos, quienes sintieron en su corazón la importancia de aprovechar cada momento para cultivar una conexión espiritual significativa.


A medida que Luis se acercaba al final de su viaje terrenal, sus pensamientos se centraban en el mensaje que quería dejar atrás: la urgencia de buscar lo divino mientras somos jóvenes y llenos de vitalidad. Aunque no pudo volver atrás en el tiempo, sus palabras inspiraron a otros a tomar acción en el presente, a no postergar la búsqueda de Dios y a valorar cada día como una oportunidad única para nutrir el alma.


La historia de Luis nos recuerda que la juventud es un regalo precioso que no debe ser malgastado. Nos invita a buscar a Dios con la intensidad de la juventud, para que cuando lleguen los últimos días de nuestras vidas, podamos mirar atrás sin arrepentimientos, sabiendo que hicimos todo lo posible para nutrir nuestro espíritu en cada etapa del camino. Aun tienes tiempo de volver a Dios.

 
 
 

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Nelson Castro Alarcón
Nelson Castro Alarcón
2023年9月01日

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