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La paz que sobrepasa toda ansiedad

Actualizado: 17 sept 2023



La paz que sobrepasa toda ansiedad

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:4-7


En medio del ajetreo y el estrés de la vida cotidiana, a menudo nos encontramos atrapados en una carrera interminable por alcanzar nuestras metas, cumplir con nuestras responsabilidades y satisfacer nuestras necesidades. La ansiedad y la preocupación pueden convertirse en compañeras constantes, robándonos la paz y el regocijo en el camino. Sin embargo, en Filipenses 4:4-7, encontramos un recordatorio poderoso de cómo liberarnos de esta carga constante y encontrar la paz en Dios.


El versículo 4 nos insta: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!". Esta amonestación no es un simple consejo, sino una llamada a un cambio de perspectiva fundamental. El apóstol Pablo nos recuerda que la fuente de nuestra alegría no debe estar en las circunstancias cambiantes de la vida, sino en un Dios inmutable. Cuando aprendemos a regocijarnos en el Señor, independientemente de lo que esté sucediendo a nuestro alrededor, comenzamos a experimentar una alegría que va más allá de las circunstancias.


Sin embargo, esto no significa que debamos ignorar nuestras preocupaciones y problemas. Filipenses 4:6 nos aconseja: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias". Aquí, se nos dice que no debemos preocuparnos por nada, sino que debemos llevar nuestras preocupaciones a Dios en oración. La clave está en el hecho de que, mientras compartimos nuestras ansiedades con Él, debemos hacerlo con acción de gracias. Esto implica una profunda confianza en que Dios está en control y que Él tiene un propósito en cada situación.


Finalmente, en el versículo 7, encontramos una promesa extraordinaria: "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús". Cuando elegimos regocijarnos en el Señor y entregamos nuestras preocupaciones a Él con gratitud, experimentamos la paz de Dios, una paz que va más allá de nuestra comprensión humana. Esta paz no se basa en la ausencia de problemas, sino en la presencia constante de Dios en nuestras vidas.


Había una vez un joven excursionista que viajaba por un camino largo y empinado. Cargaba una pesada mochila llena de preocupaciones y temores sobre su espalda. A medida que avanzaba, el peso de sus pensamientos lo agotaba cada vez más, y sus pasos se volvían más lentos.


Mientras subía una colina, se encontró con un hermoso paisaje en el que florecían las más hermosas y fragantes flores que jamás había visto. En el centro, había un árbol majestuoso que ofrecía una sombra fresca y acogedora.


El joven decidió detenerse y descansar en la sombra del árbol. Se sentó y comenzó a observar las flores, admirando su belleza y fragancia. Mientras lo hacía, comenzó a dejar ir sus preocupaciones y miedos, como si estuvieran siendo llevados por la brisa suave que soplaba a través la montaña.


Poco a poco, su corazón se llenó de paz y tranquilidad. Cerró los ojos y comenzó a reflexionar sobre las palabras de Filipenses 4:4-7 que había aprendido en su camino: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús".


Mientras reflexionaba en estas palabras y entregaba sus preocupaciones a Dios en oración, sintió una profunda paz, como si una carga pesada hubiera sido levantada de sus hombros. Se dio cuenta de que había encontrado descanso en Dios en medio de ese hermoso paisaje.


El peregrino decidió continuar su viaje, pero esta vez sin la mochila llena de preocupaciones. Llevaba consigo la paz que había encontrado al descansar en Dios y reflexionar sobre su amor y cuidado.


Esta historia ilustra cómo el descansar en Dios y la entrega de nuestras preocupaciones a Él pueden llevarnos a encontrar un descanso profundo en medio de los desafíos de la vida. Al igual que el joven excursionista, podemos encontrar una paz que sobrepasa todo entendimiento cuando nos refugiamos en la sombra de la presencia de Dios y dejamos que nuestras preocupaciones sean llevadas por la brisa de su gracia.


Así que, mientras recorremos por los senderos agitados de la vida, recordemos estas palabras de Filipenses 4:4-7. En lugar de estar afanosos, elijamos regocijarnos en el Señor, confiar en Su soberanía y experimentar la paz que solo Él puede brindar. Al hacerlo, descubriremos que podemos encontrar un lugar de serenidad en medio del duro camino, una paz que nos sostiene cuando más la necesitamos y un regocijo que trasciende todas nuestras circunstancias.

 
 
 

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